Sonia Gutiérrez

Siempre he sido una persona con gran curiosidad hacia el mundo, el sentido de la vida y el porqué de la existencia. El afán de conocer y entender me ha llevado a buscar respuestas a través de diversos caminos y formas. Ha sido el leitmotiv en mi vida. Como dijo Galeano, la utopía sirve para caminar, del mismo modo ha funcionado para mi la búsqueda de respuestas ante las grandes preguntas existenciales. Me han llevado a hacer grandes viajes, a navegar mares profundos, a tener verdadero interés en el ser humano y sobre todo, a desarrollar una gran curiosidad en descubrir "¿Quien Soy?" y embarcarme en el más grande viaje, el que es hacia el interior.

En el camino de la vida, he ido encontrando respuestas y buenas herramientas. A través de los estudios, viajes, libros, conversaciones... de los aciertos, aún más de los errores, de los momentos de felicidad y sobre todo, de las crisis. Son las que me han obligado a dirigir la mirada hacia adentro. Han sido las experiencias más transformadoras de mi vida  haciendo surgir lo peor y mejor de mi. Afrontar la incertidumbre y el miedo me ha hecho valorar profundamente lo que tengo y lo que soy. Los momentos de dificultad han sido, son y serán verdaderos maestros.

Es por todo esto que me dedico a acompañar a las personas en su proceso de crecimiento.  Por vocación, amor y fe: a la vida y al ser humano.

Formación y Estudios

  • Máster en Cooperación Internacional Descentralizada -UPV-EHU
  • Licenciada en Psicología - URV
  • Profesora de Yoga - RYT(200h)
  • Terapeuta Reiki - FEDIR
  • Diplomada en Homeopatia – Inst. Homeopàtic de Catalunya
  • Terapia Gestalt – Inst. Gestalt
  • Medicina Tibetana – Prof. Jacques Haesaert
  • Psicoterapia Humanística Transpersonal – Escuela de counseling
  • Osteopatía Bioenergética Celular - Leonor Austriris
  • Hablo Catalán, Castellano e Inglés

Experiencias y transformaciones

Nací en el Pais Vasco y me crié en Castro Urdiales . Crecí en un hogar de mujeres, aunque tengo dos padres, el biológico y el que realmente me ha hecho de padre.  Mi madre decidió tenerme sola y compartió la crianza con mi querida abuela. Unos años más adelante se casó y tuve dos hermanos. Una nueva familia había nacido. Este sencillo inicio me ha marcado profundamente.

Cuando ya estaba normalizada mi situación familiar mis padres decidieron mudarse a otro lugar. Yo no quería irme. Tenía que separarme de mi abuela, mi segunda madre, y dejar atrás bonitas amistades. Por lo demás, la adaptación al nuevo lugar, no fue demasiado dificil. En poco tiempo ya me sentía como en casa. No fuimos demasiado lejos, a un pueblito de Álava.

Allí descubrí el amor. Y poco después... volvimos a mudarnos. A un pueblo de Barcelona, en el interior. Mis padres estaban embarcados en un proyecto con otras familias que querían educarnos de un modo diferente al estipulado. Soñaban con una sociedad más libre y más justa... y no querían que nos viésemos involucrados con problemas como la violencia o el consumo de drogas. Había muy bonitas y loables intenciones pero no tan buena praxis.  Yo me sentí apartada de “la gente normal”. En esos años no estuve escolarizada regularmente. Aunque cumplía mis cursos ya que nos examinábamos en un centro privado trimestralmente.

En el lugar donde vivíamos empezó a crecer el rumor de que éramos miembros de una secta. No lo era, pero de algún modo lo parecía. Externa y también internamente. Hubo desalojos, sentencias, policia y televisión... una pesadilla para una adolescente. Empecé a estudiar en el colegio del pueblo. La niña de la secta. A mi hermano le pegaban. Nos hacían pintadas. Las madres no les dejaban jugar con nosotros. Yo no era bienvenida en las casas de mis compañeras. Mi novio de aquel entonces tuvo toda la familia en contra y nos veíamos a escondidas. Esto último en el fondo no estaba tan mal para unos adolescentes...

Afortunadamente después de un tiempo todo se calmó. Algunos se olvidaron de que yo también formaba parte de aquella “secta” que había habido en el pueblo y otros quizás lo quisieron olvidar. Algo ayudó que pronto empecé el instituto que era en otra localidad y de algún modo allí era más anónima. Eso sí, la paranoia de que alguien se podía enterar de que “era de la secta” me acompañó los cuatro años de instituto.

A pesar de los esfuerzos de mis padres  a los 16 años empecé a tener ataques de pánico que iniciaron a causa del consumo de tóxicos. Mi camino volvió a tomar un giro. El sufrimiento a nivel psicológico me llevó a una profunda crisis existencial en la que sentí tocar lo más hondo. En aquel momento tuve miedo de pedir ayuda y que pensasen que estaba loca. Decidí estudiar Psicología y tratar de descubrir qué me estaba sucediendo. La carrera me ayudó a poner nombre a cierta sintomatología y me dió la opción a poder acompañar a personas que pasaban situaciones similares, pero la verdadera empatía me la regaló el propio sufrimiento. La Universidad no resolvió mis dudas ni dió respuesta a mis grandes preguntas sobre la existencia, el funcionamiento de la mente o el sentido de la vida. Eso sí, me sirvió para años más tarde dedicarme a lo que realmente me gusta y para lo que sé que estoy hecha:  el desarrollo y crecimiento personal.

Al acabar la carrera me fui como cooperante a Europa del este, concretamente a Letonia. Era a través de un programa de la Unión Europa, el Servicio de Voluntariado Europeo. Estuve trabajando en un Centro de Acogida de Menores, allí los llamaban “Bernu nams” - “Casa de niño/as” , lo que antes se llamaban orfanatos. Aunque no era mi primera experiencia profesional, supuso un año del que nunca podré olvidarme.

 Resultó una maravillosa experiencia por el hecho de vivir otra cultura, conocer otro/s idiomas y mucha gente de diferentes paises... Pero también fue una de las experiencias más duras que he vivido. Por un lado por el hecho de convivir con los niños/as desolados y por otro, por darme cuenta de que no estaba preparada para ayudar a nadie. Me encontré con mi propia sombra, con mi necesidad de ser buena y que me valorasen, con la niña herida. Y allí tuve una segunda crisis existencial. Me sentía perdida. No sabía quién era ni hacia donde quería o tenía que dirigirme. Recuerdo una noche, entre borrachera y borrachera, chillar a los cuatro vientos que necesitaba ayuda. El viento se llevó mi replica. Al menos yo lo sentí así.

A mi vuelta a Barcelona, ya tenía 25 años, tuve mi primer contacto con el Budismo y la práctica de la Meditación. Esto me salvó la vida. Sobre todo me sanó el alma dormida.  Buscando trabajo por internet, hoy en día la magia también utiliza las redes, conocí a mi maestro Jacques Haesaert y empecé a estudiar con él Medicina Tibetana. Aquí todo empezó a cobrar forma. Las piezas del puzzle empezaron a encajar y muchas de aquellas viejas preguntas empezaron a tener respuesta. Fue un año muy productivo en este nivel. También empecé a estudiar Terapia Gestalt que me dió unas buenas herramientas de la Psicología Humanista. Eso sí, tuve que elegir y me decanté por seguir con la Medicina Tibetana, la Meditación y el estudio de la Filosofía Budista. En esta época también tuve mi primer contacto con el Yoga.

 Tras una abrupta ruptura con el grupo de Medicina Tibetana por una complicada situación sentimental, volví a verme viviendo en casa de mis padres, sin trabajo, sin pareja y con los ánimos por los suelos. Vinieron unos años de trabajo en la Diputación de Barcelona como Educadora. Trabajé con adolescentes en la calle. Un trabajo interesante pero funcionalmente más limitado de lo que podría parecer.  Conseguí ahorrar algún dinero y realicé un viaje del que llevaba toda mi vida soñando. Me fui a África: Uganda, Kenya y Tanzania. Quería ver y sentir la vida más pura, la naturaleza salvaje. Así fue. Volví renovada.

A mi vuelta conocí un nuevo amor que me llevó a vivir de nuevo a mi lugar de origen. Una oportunidad de sanar heridas y de reencontrarme con una parte antigua de mi propia historia. Allí volvió la ilusión por juntar dos de mis grandes intereses:  los viajes y las personas. Así que volví a la Universidad y realicé el Master en Cooperación Internacional Descentralizada  en la Universidad del Pais Vasco. Vuelta a lo viejo. Lo bueno y lo malo. Un año divertido, de nuevo universitaria, y por otro lado vuelta a miedos antiguos. Volvió a surgir la herida de la infancia y viví  varias situaciones en las que me sentí excluida y marginada. ¿Qué tenía que aprender ?

 Al acabar el Master conseguí embarcarme en otra aventura, esta vez a la otra orilla del charco. Me fui con un programa del Gobierno Vasco  “Programa de los jóvenes cooperantes vascos” a la selva del Amazonas en Perú. Otro lugar soñado. Ahora en calidad de Psicóloga. Ya tenía 30 años.

A mi vuelta a Bilbao postulé para una beca de las Naciones Unidas y me la concedieron. Esta vez el destino era el Líbano en un programa de Cultura y Paz con los refugiados de guerra.

La vida tenía otros planes para mi. Ese verano me fui de vacaciones a Grecia. Yo, mi mochila y mi tienda 2seconds del Decathlon. En la primera isla que visité, dormía en el bosque sin esterilla, cogí una pneumonía. Estuve muy grave. Me tuvieron que ingresar en el hospital y después me enviaron a mi pais. La medicación me provocó efectos secundarios. Delirios, convulsiones, pérdida del conocimiento. Me llevaron al hospital de nuevo. Ahora estaba acompañada por mi familia.

En el hospital tuve una experiencia de acercamiento a la muerte. Viví en retrospectiva toda mi vida de nuevo y pude llegar a hablar con unos seres que me acompañaban y respondían a mis inquisitorias preguntas sobre el sentido de nuestra existencia. Fruto de los efectos secundarios  o no... Después de aquel episodio volví a nacer.

No me fuí al Líbano y no viví lo que pensaba sería el inicio de una próspera carrera profesional en las Naciones Unidas. En lugar de eso tuve que volver a casa una vez más y dejarme cuidar por mis padres. Esta experiencia me ayudó a reconciliarme con mi familia, me hizo darme cuenta de la fragilidad de la vida y al mismo tiempo de la fuerza de nuestra parte inconsciente y supraconscienta. La vida me llevó, mi Yo más profundo, que viene a ser lo mismo, al lugar donde tenía que estar. Una gran dosis de humildad. Fue una vuelta a empezar.

Me di cuenta de que estaba persiguiendo un sueño de mi ego y no tanto cumpliendo con el destino de mi alma. Sané heridas. Fortalecí lazos. Y volví a reemprender los estudios. Esta vez me Diplomé en Homeopatía. Había decidido que no quería volverme a medicar y quería conocer el uso de otros medicamentos alternativos.

Al mismo tiempo durante esta temporada estuve trabajando para el Consell Comarcal del Barcelonès, a través de la entidad Nexes Interculturals. Trabajé durante 4 años como Asesora en proyectos de movilidad internacional. Todos los trabajos tienen su valor de aprendizaje. Gracias a este trabajo aprendí, entre otras cosas, a hablar en público. Realicé múltiples Talleres, Formaciones para formadores y también conferencias en diversas Universidades y entidades públicas. También me brindó la experiencia de aparecer en un programa de Televisión “ Tv2 a la carta”. Pero lo más importante, me hizo darme cuenta de que quería profundizar en el acompañamiento de las personas en sus procesos de crecimiento personal.

Mientras trabajaba en el Consell Comarcal me saqué el título de Profesora de Yoga.  Una nueva figura profesional se estaba dibujando. Empecé a dar clases de Yoga en mi casa y alguna sesión de Psicoterapia, ahora tenía muchas más herramientas que las establecidas en el protocolo del guión universitario.

Con 33 años conocí a mi marido, Arnau, con quien comparto este hermoso proyecto profesional, Gandaki. Nuestra historia también está llena de magia y significación. Gracias a nuestra unión me he convertido  además de mujer en madre. Y  la maternidad ha supuesto otro vuelco en mi vida. Me dio la fuerza para dejar lo conocido y dar un paso adelante en una nueva construcción de mi persona en mi faceta profesional. Todo el conocimiento, experiencia y aprendizaje que tenía acumulado en las espaldas ahora cobraba sentido. 

Ser madre me ha transformado, en cuerpo y alma. Me ha conectado con una fuerza y seguridad que desconocía y me ha dado la determinación de vivir la vida que deseo a cada momento. Me ha hecho valorar aún más lo que supone hoy en día “tener tiempo” y darme cuenta de que a mis hijos lo mejor que les puedo ofrecer es mi presencia  consciente y la transformación de mi propia conciencia. No es facil. Hay momentos muy duros. Por eso ahora también acompaño a madres en este proceso vital. La maternidad es un gran Máster en Autoconocimiento y una gran oportunidad de crecimiento si tienes voluntad para ello.

He seguido formándome estos últimos años en diversos tratamientos  como la Osteopatía Bioenergética Celular , otras prácticas como el Reiki  y me he nutrido de corrientes como la Psicología Transpersonal.  Todo ello con el objetivo de profundizar  en el conocimiento de nuestra conciencia y la posibilidad de ofrecer un acompañamiento  holístico y completo. 

La puesta en práctica de lo aprendido en mi día a día es lo que me da la firmeza y serenidad para afrontar las vicisitudes y poder acompañar a otros/as  a también atravesarlas encarando la vida con coraje, confianza y alegría.

Actualmente me dedico plenamente a ejercer como Psicoterapeuta y  Profesora de Yoga, además de dedicarme a mi familia.

He decidido alcanzar mi sueño y no conformarme con sólo soñarlo. Mi sueño es este, Gandaki, formar parte de la transformación de la conciencia. Conocerte y conocerme es mi destino.

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